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Nuestra sociedad se encuentra todavía inmersa en estereotipos de género en
función de los cuales se describe (se dice como deben ser) y prescribe (se
dice que cosas deben hacer) la conducta de hombres y mujeres.
A
los hombres se les describe como activos y asertivos y a las mujeres como
pasivas y dependiente; por otro lado se prescribe a los hombres los roles
de actividad y poder (el mundo público) y a las mujeres el desarrollo de
la afectividad y la familia (el mundo privado).
Estos estereotipos en el ámbito de la sexualidad se reproducen a través de
la dicotomía hombre activo sujeto que desea frente a la mujer pasiva
objeto de deseo.
El mensaje está
claro: solo podremos disfrutar plenamente de nuestras capacidad para el
placer desde un marco de relaciones igualitarias en donde se reconozcan
ambos sexos como sujetos de derechos (es legítimo) y capacidades (puedo
hacerlo) para el placer que comparten el órgano sexual más importante, los
dos metros cuadrados de piel.
María Lameiras |